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Un'assemblea a Nova Cana
La visión de lo posible que tiene como contenido la felicidad puede empezar aquí, ahora, porque se refiere a la calidad de nuestras elecciones. Son las elecciones de cada uno de nosotros las que pueden cambiar el curso de la Historia. Tomar conciencia, comprender que ésta es la única vía practicable para el desarrollo y que cada uno de nosotros posee la creatividad suficiente para inaugurar nuevos caminos y nuevas actitudes, es la clave que nos permite tomar la enorme oportunidad que se oculta en el actual contexto histórico y que pone al hombre en la condición
condición de poder dar un salto evolutivo de alcance universal, dependiendo únicamente de su elección: hoy hay en el mundo, efectivamente, suficientes conocimientos, recursos, instrumentos para transformar el mundo mismo en los nuevos cielos y en las nuevas tierras a las que el hombre aspira desde siempre. En otras palabras, si quiere, él puede hoy pasar de la globalización amenazadora a la globalización virtuosa.
En este sentido, trabajar para hacer crecer la toma de conciencia del hombre, que se aprovecha también de los instrumentos tecnológicos, no sólo es elemento de salvaguarda de la humanidad, sino que es también el nuevo paradigma del desarrollo. Cuando los conocimientos científico y tecnológicos son usados correctamente y dirigidos por el hombre al bien común, pueden llegar a ser verdaderamente, el instrumento de transformación de la economía humana, que así podría llegar a ser el arte, no sólo de multiplicar y distribuir equitativamente los recursos, en lugar de consumirlos y destruirlos, sino de crearlos completamente.
Más que la multiplicación de los panes y los peces, cada recurso empleado resultaría mejorado y enriquecido, haciendo un uso económico; se resolverían así los grandes problemas del paro, del hambre en el mundo… Es sólo a partir de la creatividad, o mejor, de la persona humana que se reconoce creativa, como se puede extraer la idea de un desarrollo que no agote los recursos esenciales para la vida sobre la Tierra, sino que es capaz de enriquecerla, respetándola e integrándola y, por tanto, de corregir los mismos errores de la naturaleza humana para hacer esta última todavía más estable y homogénea con nuestra exigencia de vida consciente y feliz. Pero trabajar para hacer crecer la toma de conciencia del hombre significa trabajar también activa y efectivamente por la paz. Una de las consecuencias más importantes del fenómeno de la globalización viene dada , en efecto, por la confrontación siempre más cerrada entre las diversas culturas que, por una parte, está generando el miedo a la diversidad, sin la que tantos sangrientos conflictos étnicos de estos últimos años hubieran sido impensables; por otro lado, está induciendo a la homologación y al aplastamiento uniforme de las costumbres, de los modelos sociales o de los modelos culturales (Piénsese p.e. en el especial éxito tenido por los “Pokemon” entre los niños de todo el mundo occidental).
Para que la confrontación entre las culturas llegue a ser una fuente real de enriquecimiento recíproco es ahora siempre más necesario que cada hombre se haga consciente de la propia cultura a la que pertenece, especificándola y reforzándola en los valores que representa, teniendo presente que la cultura debe ser salvaguarda para la riqueza que expresa, siendo el elemento de intercambio por excelencia.
Pero puesto que en la base común está y permanece el valor de la vida humana con sus posibilidades y capacidades de desarrollo, es necesario también tener el coraje de distinguir las culturas más orientadas en este sentido con relación a las que tienden sólo a la consolidación de la tradición.
De hecho, en la visión originaria de perfección del hombre contenida en el cristianismo, está el fundamento de un desarrollo verdaderamente homogéneo con las exigencias más profundas del mismo hombre: cada hombre, si quiere, puede superar los propios límites. Pero esta verdad, que era bien conocida por los doctores y padres de la Iglesia, ya no se puede dejar languidecer en los subterráneos de la memoria eclesial. Si el pensamiento religioso se ha obstinado siempre más con el lenguaje de la autoridad y de la prohibición, es también porque no ha sido capaz de explicitar culturalmente aquello que ha relegado en lo implícito evocando el misterio de la fe: cada hombre puede crear para si mismo y para los demás un futuro de plenitud que, en definitiva, es la elección del amor. Ante la complejidad de la contradicción y de los profundos desequilibrios del mundo globalizado, esta lectura del cristianismo ya no puede permanecer implícita o ser eludida, sufriendo la misma desaparición que la civilización occidental que, sin desarrollo, sin libertad y creatividad, sin justicia social, no puede finalmente sino colapsar, porque viene a menos la esperanza misma en el futuro que, precisamente, es la raíz primera del cristianismo.


• La visión inadecuada del hombre y del mundo ha producido en los Países Occidentales un pensamiento y una praxis que, históricamente, han alcanzado su límite.

• Hoy en los Países Occidentales, no se asiste ya, como en el pasado, al desarrollo y a la mejora de la cultura y de la práctica democrática, a causa del progresivo empobrecimiento de sus contenidos y de sus reglas.

• La primera victima de esta regresión es la verdad, encubierta por la manipulación mediática de la información y del uso ambiguo de las palabras; la segunda es la libertad, canjeada a cambio de una falsa seguridad.


Es necesario construir una nueva antropología que dé al hombre la posibilidad de desarrollarse hasta el infinito y reconozca la felicidad en la relación con los demás. El hombre está ahora llamado a hacerse consciente, de que su ser hombre quiere decir ser libre, ser creativo, estar en disposición de superar los propios límites. Desde la prehistoria hasta hoy el hombre ha actuado con su libertad, con su creatividad sin tener plena conciencia y sin conocerse en sus posibilidades. La imagen que la cultura ha dado hasta ahora al hombre, condicionándolo, es la imagen evolutiva de su crecimiento basado todo en el sacrificio, en la fatiga, y en última instancia sobre la desvalorización de si mismo. Esta es la imagen de fondo que el hombre tiene de si mismo que es necesario cambiar, porque conduce inevitablemente o a la homologación y, por tanto, a vivir la fragmentación de la propia identidad, o bien a la actitud de defensa y, por tanto, de cierre a lo nuevo.
Si el hombre, en cambio, toma conciencia de su propio valor como persona, ya no tiene más motivo para tener miedo de ser “aplastado” o “limitado” y, por tanto, está en las condiciones para poder interactuar con todos los demás hombres, reconociéndose soberano de si mismo.
Es la condición que, superando la fragmentación de la propia identidad, consiente en redescubrir y reproponer una dimensión de perspectiva que contiene en si misma el principio del “bien común” como parte integrante de la propia dinámica personal de desarrollo. La dimensión de la proyectividad, no tanto la que se refiere a las cosas como la que refiere a si mismos y abierta a los demás, es la dimensión que puede reabrir un horizonte común de esperanza. En este sentido la esperanza deja de ser un valor religioso para llegar a ser un valor universal que se puede proponer a todos los hombres porque los estimula para considerar el cambio como posible. El cambio consiste, sobre todo, en un salto de calidad de la condición humana, sin el que el hombre ya no está en disposición para ejercitar sus peculiares cualidades humanas. El hombre, sólo si tiene una visión positiva de si mismo, puede transformar lo desconocido en esperanza en el futuro y, por tanto, asumir sus responsabilidades en orden a las elecciones para hacerse por el bien de la humanidad. En este sentido la acción para hacerse es, antes que nada, la de hacer crecer la toma de conciencia del hombre. La toma de conciencia de si mismo, en efecto, da inmediatamente el sentido de qué cosa está bien para si mismos y para los demás. Por este motivo consideramos que si a la persona se le da a posibilidad de reconocerse valor, entonces está en disposición para reconocer el patrimonio histórico como don de las generaciones pasadas y, por tanto, se motiva para alcanzar el nivel cultural de toda la humanidad. Esto refuerza su identidad, desarrolla su creatividad y alimenta el proceso que permite superar los miedos conectados a la creciente globalización y al progreso científico y tecnológico. Esto es posible, precisamente, porque cambiando la clave de lectura de estos fenómenos, se está en disposición de comprender cómo se puede transformar el límite en oportunidad.


• Es necesario que la democracia – reconocida ahora ya por todos los hombres como la principal conquista de la humanidad entera – se fundamente realmente y de modo explícito sobre la Carta de los Derechos Humanos de la ONU y de la libertad cualificada como: conocimiento (derecho a la instrucción y a la información verdadera) y toma de conciencia de si mismo y responsabilidad hacia el mundo (humanidad y naturaleza) y que no sea banalizada a través de la mera aplicación de la regla de la mayoría-minoría.

• Sin estos requisitos la democracia “estalla” desestabilizando al mundo hasta el enfrentamiento entre civilizaciones y llevándolo hacia una tercera guerra mundial, de la que la tragedias de los últimos años son losprimeros síntomas inquietantes (hambre en el mundo, sed, SIDA, emigración forzosa, terrorismo y conflictos armados, la crisis económica, financiera y social actual).

• Es necesario crear una nueva antropología que permita al hombre reconocer en si mismo la posibilidad de desarrollarse hasta el infinito y el valor de la felicidad en la relación con los demás.

• El hombre debe hacerse consciente de que es libre, creativo y que está en disposición para superar los propios límites.

• Es la imagen negativa que el hombre tiene todavía de si mismo la que debe cambiar, porque lo disocia y lo hace sujeto para la homologación y temeroso para con el cambio.

• Sólo a través de una visión positiva de si mismo el hombre logra transformar lo desconocido en esperanza en el futuro, asumiendo la responsabilidad de las propias elecciones.

• Reconociéndose valor, el hombre está en disposición de reconocer como don el patrimonio histórico, transmitido desde las pasadas generaciones y de tomar el nivel cultural de toda la humanidad, superando los miedos conectados con los cambios.

• Trabajar para hacer crecer esta toma de conciencia en el hombre, no sólo es elemento de salvaguarda de la humanidad, sino que es también el nuevo paradigma del desarrollo, que es:
- visión positiva del hombre
- confianza en sus posibilidades infinitas


Este paradigma es la clave para la superación de los bloqueos mentales y de los límites que la persona se ha dado, que ha recibido de la educación, de la tradición etc...
La concepción del futuro es la cosa más preciosa que una cultura puede contener. La idea de que es hombre es perfeccionable y que la naturaleza está en desarrollo representa el patrimonio de Occidente! Esta es nuestra verdadera riqueza. Y es precisamente desde la idea de volver a dar esperanza al futuro de donde ha nacido la propuesta de un curso. El grupo de trabajo ha actuado para perfilar un curso cognoscitivo lo más orgánico y completo posible.
El curso recoge el patrimonio cultural de Nova Cana y lo propone de nuevo de modo didáctico para poderlo transmitir y divulgar. Sin embargo, debe quedar claro que los instrumentos cognoscitivos propuestos en el Curso no agotan la propuesta cultural “Persona y Comunidad” que desde siempre distinguen la actividad de Nova Cana, pero que son, sin embargo, homogéneas con ésta.
Este curso ha sido proyectado para ofrecer los instrumentos de comprensión cultural para que sea posible activar el proceso para reconocerse valor, identificarse y situarse con relación a la historia y a la cultura, expresando la propia creatividad para transformar los vínculos en oportunidad de desarrollo. Con otras palabras, nuestra convicción pedagógica consiste en proponer a la persona un curso de comprensión de si misma y del mundo como base del propio desarrollo personal. Por un lado, el contexto cultural de referencia se da como una visión que toma al hombre en su naturaleza positiva y en sus infinitas posibilidades. Por otro lado, el elemento de comprensión cultural es la clave para la superación de los bloqueos mentales y los límites que, consecuentemente, la persona se ha dado, sufriéndolos.
En Nova Cana juntos habíamos descubierto palabras nuevas y redescubierto palabras antiguas que nos han revelado, tanto el profundo sentido de la vida humana en nuestra existencia personal, como las posibilidades que tenemos para el futuro.
Consideramos que, para nosotros, ha llegado el momento de hacernos misioneros de nuestras mismas palabras para ayudar a los demás a comprender sus palabras. Palabras todavía no pronunciadas, todavía guardadas en el secreto de sus corazones pero que, si no son reveladas, ya no se puede estar vivos en la Historia.
Dar testimonio de vida y de pensamiento sobre el sentido que habíamos encontrado para nuestras existencias, escuchándonos y comunicándonos, es el don más grande que nos podemos hacer a nosotros mismos y a la humanidad.
En síntesis, con el binomio “Persona y Comunidad” se quiere ofrecer una propuesta cultural de gran envergadura en disposición para superar los límites, reiterados en la Historia, de una visión parcial de la vida, que tú quieres a su vez, centrada sobre cada uno y, por tanto, reducida a los diversos individualismos, considerando a los hombres en su conjunto y que luego desemboca en los diversos colectivismos.
La propuesta cultural de “Persona y Comunidad” pone, al mismo tiempo, en el centro, tanto el valor de la persona humana como el de la comunidad de los hombres, con la toma de conciencia de que hay, sin embargo, un movimiento “arquitectónico” preciso: es sólo a partir de la persona, entendida en toda su complejidad, y en su tensión de realización histórica, como se puede hablar de “comunidad”; es decir, de la dimensión comunitaria y universal de la convivencia humana.
No puede haber comunidad si no hay persona. No hay persona si no hay relación creativa entre las personas. Y la persona nace de un autónomo acto suyo creativo inspirado en el deseo-exigencia que contiene, tanto nuestro fin como nuestra identidad.
Empezar a comunicarse el propio deseo-exigencia sin miedos ni pudores quiere decir empezar un proceso que nos llevará lejos, a ser personas y a proyectar la comunidad como el arte de vivir juntos en la felicidad.
Propuesta cultural de Nova Cana
Nueva antropología y nueva pedagogía
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