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Un'assemblea a Nova Cana
Reflexionamos juntos sobre Conciencia, Libertad y Responsabilidad

Cada día, como una riada, nos inundan noticias funestas que anuncian desordenes y alteraciones sociales. Parecería que la vida humana, a nivel macro-cósmico, tuviera un destino marcado por los conflictos bélicos, sin haber podido cambiar desde el albor de los tiempos comenzando por Caín y Abel. La exposición es larga, pero podemos enmarcar la historia de la guerra según los propios instrumentos letales, desde las armas blancas y los combates cuerpo a cuerpo hasta las armas nucleares capaces de provocar el genocidio en masa. Es un “dejà-vu” que cada día se pone de manifiesto de modo evidente en el cinismo de los adultos, las dudas de los jóvenes y la tristeza de los niños.

El único elemento nuevo que destaca en el siglo XXI-si se quieren enmascarar acciones automáticas y repetitivas que tienen su origen en la guerra y son su consecuencia como novedad- es la simultaneidad con la cual nos golpea la información. Y no solo eso. Asistimos atónitos, inclusive en directo, tanto a actos individuales obscenos como al exterminio de multitudes. La muerte de unos y otros se exhibe en las redes sociales, en la prensa, en las pantallas. Está allí, expuesta impúdicamente ante nuestros ojos. Frente a la rápida sucesión de tales eventos nos estamos acostumbrando a la angustia que nos asalta, y esto nos hace rendirnos a la impotencia de quien siente que la situación se le escapa de las manos, sin voz ni voto. Detrás de todo esto resuena una pregunta no expresada pero que anuncia una tímida esperanza: “¿Qué podría detener a los que están decidiendo la suerte de los pueblos antes que sea demasiado tarde?”.

¡Nadie puede desconocer al alcance universal de los acontecimientos actuales y las repercusiones directas que tienen como consecuencia cuestionar nuestro propio sentido de la vida! Desde “la tercera guerra mundial” que se combate tras la debacle económica general, desde la desocupación juvenil a la crisis de la familia, desde la destrucción de las instituciones políticas democráticas a la reivindicación de nacionalismos y credos religiosos. Parece que en materia de relaciones y comunicación, el ser humano permanece en un estado primitivo obstinándose en querer aprender por ensayo y error cosas que ya hemos experimentado: la misma historia desmiente el antiguo refrán que dice que “la historia enseña”. Sin embargo existe una diferencia abismal: los errores de hoy llevan consigo un coste muy alto: ¡el de perder la posibilidad de un mañana! Nos preguntamos por cuánto tiempo aún y cuales otras notas del funesto “Dies irae” continuarán haciendo sonar los distintos poderes, antes de darse cuenta que la cacofonía que generan derramará más tarde o más temprano todos sus efectos nocivos sobre ellos y sobre el mundo entero.

Fuerte a través de la experiencia con María que me ha fundamentado en una fe inquebrantable en el ser humano, querría compartir con los que se hallan aquí presentes una pregunta que surge me surge del corazón: ¿Por dónde empezar? O mejor aún, ¿Por dónde re-comenzar a cicatrizar la dignidad herida y no ser ya más espectadores impotentes sino actores de la historia, al menos de la nuestra? El único camino es hacernos la pregunta a nosotros mismos para transformar nuestra comprensión en relaciones de calidad, realizar los cambios a nuestro alcance para transformar nuestras respuestas, y como consecuencia llevar a cabo un proyecto político con el fin de crear una potente “masa crítica”.

Mi fe jamás me ha desvinculado de la vida, al contrario, hoy más que nunca la vida me genera el sufrimiento que nace de la distancia que constato entre la humanidad plena que he contemplado en María y la falta de humanidad con la cual se identifica el ser humano. ¡Miro a mi alrededor y veo una conciencia hecha jirones, una libertad esclavizada, una responsabilidad que se deja de lado! Sin una reflexión profunda acerca de estos temas, los desequilibrios actuales podrán ser temporalmente detenidos, pero nunca superados verdaderamente. Podemos esforzarnos en cambiar y en mejorar nuestras conductas, pero si no transformamos la visión que tenemos de nosotros mismos, del mundo, y para los creyentes también de lo divino, continuaremos equivocándonos con intentos inútiles y maniobras estériles.

Ahora que los modelos políticos de integración han fracasado a nivel mundial, está más claro para las conciencias desarrolladas que es indispensable una pedagogía que cuestione los fundamentos del ser humano. Para empezar en casa propia y sin querer dar lecciones a nadie, tomemos como ejemplo a la Unión Europea, que más allá de ocuparse de desarrollo, debería tener una nueva cultura basada en una nueva visión de sí misma, revisando en primer lugar el mismo concepto de comunidad que la define. ¡Nuestra sociedad se ha transformado en una sociedad que delega! ¡Ya nadie es responsable de nada! Y nos preguntamos: ¿Qué criterios separan lo privado de los caprichos? ¿Qué diferencia hay entre individualismo y subjetividad? ¿Qué relación hay entre el individuo y la sociedad? ¿Hasta dónde llega la libertad soberana del ser humano? ¿Cómo conjugar la libertad de acción individual con el bien común?

Nuestros cursos de verano, dentro del marco del pensamiento humanista-existencial, pueden dar una respuesta desde el punto de vista cultural, político y espiritual, proponiendo las herramientas necesarias para ofrecer al ser humano la posibilidad de una nueva visión de sí mismo, del mundo y de lo divino; una visión que va más allá de la concepción determinista y negativa de la realidad.

Me complace entrever una de las primeras expresiones de conciencia de sí mismo que comenzó a tener el ser humano en las preguntas que los biblistas ponen en boca de Dios en el comienzo de la Biblia: ¿Adán dónde estás? ¿Caín dónde está tu hermano? Son preguntas hoy más actuales y significativas que nunca para salir de esta crisis nihilista que está atravesando la humanidad y que nos quita el sentido de la vida. Este es el desafío que quiero proponer este año profundizando en estos temas junto a ustedes.

¿Podemos todavía dar esperanza al futuro? ¡Yo creo que sí! En este mundo, hoy, existen los instrumentos para la salvación de esta humanidad.

Angela Volpini
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